10/07/2026
Richard Batista, cirujano de profesión, donó un riñón a su esposa Dominic Barbara en 2001, cuando ella necesitaba un trasplante. La pareja se había casado en 1990.
Posteriormente, Barbara se recuperó del trasplante, pero en 2005 solicitó el divorcio. Batista afirmó que su esposa inició una relación con su fisioterapeuta. Ante esta situación, el médico reclamó la devolución del riñón o, en su defecto, una compensación económica de 1,5 millones de dólares como parte del acuerdo de divorcio.
Por su parte, Barbara negó tener una aventura. El fisioterapeuta declaró ante autoridades que eran solo amigos y calificó al médico como "un auténtico monstruo", en referencia a posibles episodios de violencia en el hogar.
Batista sostuvo que la relación extramatrimonial dañó su vida y afirmó: "La aventura amorosa de mi mujer me dejó un agujero en el corazón que aún perdura. Soy un hombre con orgullo".
Sin embargo, la Corte Suprema del Condado de Nassau rechazó la solicitud del médico en una decisión de 10 páginas. El fallo consideró que el riñón donado "no era un elemento de propiedad a valorar en la demanda de divorcio".
Robert Veatch, especialista en ética médica del Instituto Kennedy de Ética de la Universidad de Georgetown, señaló que "es ilegal intercambiar un órgano por algo de valor" y añadió: "Ahora es su riñón y... extirparlo significaría que tendría que someterse a diálisis o la mataría".