18/09/2026
Septiembre me duele.
Me duelen sus días, sus horas, sus recuerdos atrapados en fotografías.
Me duelen las últimas conversaciones, las últimas risas, incluso aquellos pequeños enfados que entonces parecían tan insignificantes y que hoy daría cualquier cosa por volver a vivir.
Porque septiembre guarda para mí los últimos recuerdos con mi madre.
Las últimas veces.
Las palabras que se dijeron y, sobre todo, aquellas que se quedaron sin decir.
Y desde entonces, todos los septiembres han traído consigo algo de aquello.
Han pasado los años, pero hay recuerdos que no entienden de calendarios.
Recuerdos que aparecen sin avisar y te hacen volver, por un instante, a aquel lugar, a aquella casa, a aquella voz, a aquella risa.
Sí, es una mezcla extraña de sensaciones.
De melancolía.
De nostalgia.
De amor.
De tristeza.
De recuerdos que llegan y aprietan la garganta hasta hacerte sentir que respirar cuesta un poquito más.
Hay tantos septiembres difíciles…
Tantas cosas que no se dijeron.
Tantos abrazos que faltaron.
Tantas lágrimas que se han quedado escondidas porque, a veces, una aprende a hacerse la fuerte incluso cuando por dentro solo quiere llorar.
Y hoy siento que la melancolía me está visitando.
Los ojos se me nublan y el corazón pesa un poquito más.
Quizá porque hay meses que no pasan.
Se quedan.
Se quedan en una fotografía.
En una canción.
En una fecha.
En una conversación que recuerdas palabra por palabra.
Y septiembre, para mí, es uno de ellos.
Así que hoy no voy a fingir que estoy bien.
Hoy voy a permitirme echarte de menos, mamá.
Voy a permitirme llorar si las lágrimas quieren salir.
Porque también esto es parte de sanar.
Y porque, aunque septiembre me duela, todo lo que te quise sigue aquí. ❤️